Celebración Jasídica - Elie Wiesel

«Un jasid, talmudista de renombre, vino a consultarle; temía perder la fe. El gran Maguid de Mezeritch no entabló una discusión filosófica, sino que le pidió que repitiera con él muchas veces la primera oración que todo niño judío aprende con el corazón. Y eso fue todo».

«Un jasid, talmudista de renombre, vino a consultarle; temía perder la fe. El gran Maguid de Mezeritch no entabló una discusión filosófica, sino que le pidió que repitiera con él muchas veces la primera oración que todo niño judío aprende con el corazón. Y eso fue todo».

El rostro del pequeño Elle Wiesel resplandecía al escuchar los relatos que su abuelo le contaba sobre los principales maestros del jasidismo. La primera Guerra Mundial quedaba ya lejos en aquellas tierras rumanas que un día pertenecieron al imperio austro-húngaro. Desde tiempos inmemoriales, los judíos habitaban en florecientes comunidades aquellos lugares que muy pronto sentirían el azote del Holocausto. De hecho, Wiesel fue recluido en los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald con sus familiares cuando apenas contaba dieciséis años.

En aquella larga noche lo perdió todo. Tal vez sólo pudo retener, en algún rincón de su memoria, la llama que un día iluminó su rostro de niño y que le conectaba con la mejor historia de sus antepasados.

En Celebración jasídica el premio Nobel de la paz evoca las paradojas y las historias de rabinos míticos como Shem-Tov, Israel de Rizhin o Méndel de Kotzk, entre otros. En ellos aún se percibe aquella luz hiriente que cubría el rostro de Moisés cuando, bajando el monte Sinaí después de encontrarse con el Dios de Israel, llenaba de temor a un pueblo en peregrinación permanente.

Nació en Sighet, Rumania, en 1928. A los 16 años fue recluido en los campos de concentración de Auschwitz y Buchenwald, donde pereció su familia. Después de la guerra estudió en La Sorbona (París). En la década de los cincuenta fue corresponsal de prensa. Vivió en Francia y en Israel, y en 1956 se estableció en los Estados Unidos, nacionalizándose en 1963. Allí ha trabajado como profesor en la Universidad de Boston. Wiesel se ha prodigado como escritor, pero todas sus obras tienen como denominador común el compromiso de mantener viva la memoria del Holocausto. En 1986 recibió el premio Nobel de la paz por su lucha a favor de los pueblos oprimidos.

Obras: La noche, 1958; El alba, 1960; El accidente, 1961 , novelas que integran la Trilogía de la Noche. Almas en fuego, 1970; Mensajeros de Dios, 1976; Cuatro maestros jasídicos y su lucha contra la melancolía, 1978; Sabios y soñadores, 1991. Ha escrito sus memorias en dos tomos: Todos los ríos van al mar, 1995; y El mar nunca se llena, 1999.

Tradujo Federico de Carlos Otto, del original francésPág.: 262